DOSSIER DE PRENSA: HABITAR EL MEDITERRÁNEO

IVAM 24 Enero 2019

DOSSIER Habitar el Mediterráneo

El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) presenta la exposición Habitar el Mediterráneo. Esta muestra, que cuenta con la colaboración de la Fundación Banco Sabadell, se enmarca dentro de una de las líneas centrales del proyecto museológico actual del centro que pone su foco de atención en las manifestaciones artísticas, culturales o arquitectónicas de países que tienen en común mucho más que el hecho de estar en un área geográfica bañada por las aguas del mar Mediterráneo.

Una de las particularidades de la muestra es que las más de 150 obras que la componen proceden de centros tan diversos como el Museo del Louvre de París, el Centre Pompidou de París, la Fundación Le Corbusier de París, el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, el Centre National d’Arts Plastiques de París, el Musée d’Arts de Nantes, el Museo Egizio de Turín, el Museo Arqueológico de Alicante, el Museo Arqueológico de Santa Cruz de Toledo, el Museo de Palencia o la Colección del Banco Sabadell, además de numerosas colecciones particulares y galerías internacionales.

Las piezas las firman artistas de renombre como: Sergi Aguilar,
Mohamed Al-Hawarjri, Kader Attia, Ismaïl Bahri, José Manuel Ballester, Gabriele Basilico, Taysir Batniji, Jean-Marc Bustamante, Ali Cherri, Jordi Colomer, Rami Farah, Anne-Marie Filaire, Dora García, Albert García-Alzórriz, Majd Abdel Hamid, Zarina Hashmi, Susan Hefuna,
Camille Henrot, Joan Hernández Pijuan, Khaled Jarrar, Yazan Khalili, Abbas Kiarostami, Maria Lai, Le Corbusier, Herbert List,
Anna Marín, Marie Menken, Randa Mirza, Juan Muñoz, Martin Parr, Marwan Rechmaoui, Till Roeskens, Dieter Roth, Anila Rubiku, Hrair Sarkissian, Massinissa Selmani, Julia Schulz-Dornburg, Ursula Schulz-Dornburg, Efrat Shvily, Corinne Silva, Carlos Spottorno, Rayyane Tabet, Juan Uslé, Vasantha Yogananthan.
Habitar el Mediterráneo vincula el pasado con el presente y las relaciones de la zona norte de este mar con las del sur a través de obras arqueológicas y contemporáneas que se ponen en diálogo. En ellas se encuentran las huellas del paso del tiempo, del comercio, de la circulación de ideas, de los prejuicios, de los espacios que nos acogen o nos rechazan, mostrando imágenes contradictorias de este mismo entorno, unas amables, otras, temidas y repudiables.
Estamos marcados por los hechos y pensamientos de hace 2000 años y para mostrar esta concepción del ámbito de influencia del Mediterráneo se ha concebido la exposición como un viaje que parte del puerto de Valencia y se dirige a otras ciudades como Barcelona, Marsella, Argel, El Cairo, Túnez, Estambul o Beirut.

Esta mirada sobre este área geográfica se materializa a través de dibujos, pinturas, fotografías, esculturas, estatuillas, instalaciones, películas y textos.

Los trabajos presentan el crisol de culturas, el cruce de caminos, las fronteras, los intercambios comerciales, historias de inclusión y de exclusión, de conquistas y reconquistas, de sedimentos y estratos, de urbes, de ciudadanos y no-ciudadanos o de conflictos y reconciliaciones en los lugares a los que llegan sus aguas.

RECORRIDO

La exposición se divide en ocho apartados que muestran el contexto geográfico, histórico y socio-cultural de la zona de influencia que une este mar. El itinerario comienza con la sección titulada Marco geográfico, que aborda la imagen idealizada del Mediterráneo que tenían los artistas llegados de tierras del norte de Europa entre 1850 y 1950.

En el segundo apartado, El peso de la historia, vemos cómo el Mediterráneo está organizado por estratos, las ciudades y los campos se asientan sobre restos, “milagrosamente” preservados, pero a menudo olvidados -o ya saqueados- y alteraciones, beneficiosas o no, del entorno, que ayudan o condicionan, que soportan y que dan peso y fundamento a instalaciones actuales.

En la tercera sección, URBS, La trama urbana y URBS, Elementos urbanos, viajamos de las medinas, mezcla de espacios, olores, colores y sonidos, a ciudades coloniales que, a imagen de París o Barcelona, perdieron sus tramas laberínticas. Están también presentes elementos arquitectónicos como celosías, terrazas, balcones, rejas o galerías, que articulan los diversos niveles de privacidad.

En Civitas. Ciudadanos y Civitas. No-ciudadanos, vemos una ciudad como un conjunto de perennes construcciones (urbs), y, o sobre todo, comunidad (civitas) de ciudadanos bien relacionados entre sí, componiendo un tejido de relaciones humanas.

En quinto lugar, Ciudad y Conflicto, muestra ciudades como Bagdad, que han sufrido recientemente y durante años un asedio interior, partidas por una red de altos muros de hormigón para impedir cualquier relación entre vecindades; muros y murallas que también dividen comunidades, a las que enfrentan, como en Nicosia. La trama urbana actual incluye –o excluye- barrios, a menudo periféricos, como el Cabañal en Valencia, o la Mina en Barcelona, que el resto de la ciudad rechaza y en los que no se osa entrar por miedo al peligro y al qué dirán, mientras que los vecinos marginados apenas se atreven a salir de su comunidad porque el estigma que sienten les marca.

Llegamos al sexto apartado, Torres de marfil, en el que se muestra que quien recorra la costa egipcia desde Alejandría, o o viaje por el litoral mediterráneo, bien español, turco, libanés o croata, no logrará saber dónde se encuentra, pues entre las filas de bloques idénticos, casi siempre desérticos, en medio de un urbanismo incierto o inexistente, pierde el contacto con el entorno. La ciudad de vacaciones se erige como la imagen invertida de la ciudad mediterránea.

En Tierra baldía, observamos cómo la tierra y las construcciones se han convertido en páramos indiferentes donde la naturaleza y la honda y permanente herida causada por el hombre, las construcciones y los desechos, la tierra removida y el hormigón, la falta de perspectivas y las obras inacabadas hasta el horizonte, se conjugan para componer un paisaje desolado y sin atributos, donde campa la falta de urbanidad.

El recorrido concluye con El retorno de Ulises, una sección en la que se trata de poner una nota de esperanza, ya que, pese a los conflictos armados o soterrados, la segregación y las crisis humanitarias incesantes, una inexplicable fuerza vital permite creer en un futuro diferente.

Habitar el Mediterráneo es, por tanto, una exposición con un mosaico de imágenes, de obras de la antigüedad y contemporáneas, de artistas de todas las riberas, que traducen la compleja, contradictoria, inclusiva y excluyente imagen de pueblos y ciudades, levantados con muros que ceden el paso o que amurallan.

En palabras de la arquitecta Blanca Pujals, Habitar el Mediterráneo “es una exquisita selección de trabajos que sugieren encuentros entre piezas arqueológicas y de arte contemporáneo, produciendo un interesante diálogo”. «Las fronteras territoriales y políticas se desvanecen para diluirse en un intercambio de culturas a través de la unión que ha facilitado la masa de agua que conecta toda una geografía limítrofe, más allá de toda división geopolítica.»

ALGUNAS OBRAS DESTACADAS

Entre las más de 150 obras que componen la muestra, podemos destacar algunas de ellas como la filmación Cynopolis de Camille Henrot, rodada en unas excavaciones arqueológicas en Saqqara, Egipto, en la que conviven objetos de desecho con los restos arqueológicos de una pirámide, llena de turistas y habitada por perros callejeros.

Podemos subrayar también más relatos sobre el mar en esta muestra, como es la idea de los sedimentos que se posan en las profundidades, configuran las costas y se asientan en construcciones. Una idea que revela la obra escultórica del libanés Rayyane Tabet o la serie fotográfica de Mesopotamia de Ursula Schulz-Dornburg. Se trata de estratos de historia que contribuyen a reconstruir la memoria imaginada del lugar, como sugiere la obra Egyptian Scale de Ali Cherri.

La artista Anna Marín muestra en su instalación Sic Transit rutas migratorias y contaminaciones biológicas, geológicas o humanas a lo largo de la historia del Mediterráneo y sus territorios.

En Colour Correction. Camp Series, Yazan Khalili reproduce fotografías alteradas del campamento de Al-Amari al este de Ramala. Khalili, al colorear las instantáneas del asentamiento, corrige las construcciones efímeras de cemento que representan la pérdida y el trauma del conflicto a fin de subvertir la memoria en un futuro deseado, para evitar convertirse en un estado de emergencia.

Las fotografías de Martin Parr muestran un mar contaminado alejado del concepto idealizado de la industria turística, las campañas gubernamentales y una forma de vida estereotipada siempre placentera.
Con un sentido similar, se orientan las imágenes de Carlos Spottorno, con el trabajo The Pigs, que muestra la burbuja inmobiliaria y la construcción de baja calidad de los últimos años, en una zona superpoblada, en la que sedimentos, historia y hormigón se acumulan a través del tiempo.

La arquitecta y profesora titular en la Escuela Nacional de Arquitectura y Urbanismo de Túnez, Leïla Ammar, subraya que esta exposición pretende plantear el debate de descubrir si el Mediterráneo encierra una una realidad o es un modo de cultura en sí mismo.

ACTIVIDADES PARALELAS

La inauguración de la muestra se acompaña de una conversación entre los artistas Mohammed Al Hawajri (Gaza, 1976), Anila Rubiku (Albania, 1970) y el comisario, Pedro Azara.

La selección de obras se complementa asimismo con un ciclo de películas y mediometrajes artísticos que tendrá lugar los días 2 y 3 de febrero con el objetivo de ampliar y profundizar las las lecturas propuestas en la exposición.

Asimismo, se ha editado un catálogo con textos del comisario, Pedro Azara, de Blanca Pujals y Leïla Ammar, y un diálogo entre el artista y comisario palestino Yazid Anani y el arquitecto y comisario, también palestino, Abed Al Rahman Shabaneh.

EmailFacebookTwitterInstagram