Exposición

Jazz gráfico. Diseño y fotografía en el disco de jazz, 1940 – 1968

fecha de apertura

14 Enero 1999

fecha de clausura

04 Abril 1999

La exposición reúne alrededor de 180 cubiertas discográficas que muestran la la evolución y las distintas tendencias en el diseño de portadas de música de jazz, el vigor creativo y la riqueza conceptual del diseño gráfico y la fotografía aplicados a una música en su momento de mayor desarrollo. Además de ofrecer una selección de los principales diseñadores en este campo, incluimos algunos trabajos firmados por artistas de relieve que se acercaron al jazz de manera eventual, como el pintor geométrico Josef Albers, el artista pop Andy Warhol, el realista social Ben Shahn, o los fotógrafos Lee Friedlander y W. Eugene Smith. El catálogo editado con motivo de la exposición reproducirá la totalidad de las obras y contendrá textos de Alfredo Papo, pionero de la difusión del jazz en España, Angelynn Grant, Bob Blumenthal y Jorge García. El lugar de encuentro más natural y más frecuente entre las artes visuales de nuestro siglo y la música es la cubierta discográfica. No obstante, hasta el momento los historiadores del diseño y los comisarios de exposiciones apenas han abordado el tema, o lo han hecho de forma muy parcial, centrándose principalmente en las “intervenciones” de artistas conceptuales sobre el disco como objeto, propias de los años 60 y 70. Seguramente ha sido así porque hasta fechas recientes los portadistas de discos no han recibido la misma atención que otros diseñadores destacados en el campo del libro, la revista o el cartelismo, pese a la calidad intrínseca de su trabajo y a la destacada influencia de la industria musical en la conformación de la cultura contemporánea. Hasta finales de los años treinta los discos de 78 revoluciones por minuto se vendían en fundas de papel, con una perforación circular en el centro, o bien recopilados en álbumes cuya única identificación era un rótulo o un dibujo genérico meramente ilustrativo. En 1940 Columbia Records decidió poner portadas a sus álbumes y encargó el diseño a Alex Steinweiss, que fue su primer director artístico. Formado en la vanguardia de raíz europea, y ayudante durante más de tres años del cartelista austríaco emigrado a Estados Unidos Joseph Binder, Steinweiss transformó radicalmente la industria discográfica. Sus impactantes cubiertas, concebidas a la manera de carteles, supusieron para Columbia un espectacular aumento de las ventas, y al cabo de poco tiempo todos los demás sellos discográficos siguieron su ejemplo. Con la llegada en 1948 del disco de larga duración de diez pulgadas, basado en la técnica del microsurco, fue preciso concebir un nuevo envoltorio, y las portadas se impusieron definitivamente en la industria del disco. Steinweiss diseñó principalmente cubiertas de música clásica, pero sus pocos diseños de jazz son obras maestras. Por lo general en el sello Columbia el jazz le fue encomendado a un grafista muy diferente pero no menos atractivo, Jim Flora, que practicaba un enloquecido dibujo humorístico influido por el arte precolombino. Estas son las primeras portadas, en términos cronológicos, de la exposición. Pero a mediados de los cuarenta, el jazz vivió una revolución estilística de la que surgió el estilo conocido como bebop. El bebop, un jazz mucho más intelectualizado que sus precedentes, era contemplado con recelo por los grandes sellos discográficos: Columbia, RCA/Victor, Decca, y los entusiastas de la nueva música se vieron obligados a crear pequeños sellos discográficos independientes donde darle cobijo. Alfred Lion, un alemán exiliado en los Estados Unidos tras el auge del nazismo, creó el sello Blue Note; Norman Granz, gran amante del arte moderno, puso en pie sellos como Clef o Norgran; Ahmet Ertegun, hijo del embajador de Turquía en Estados Unidos, creó el sello Atlantic; y el sello Riverside lo fundó Orrin Keepnews, un crítico con formación universitaria. Todos esos productores veían el jazz como un arte, cuando hasta entonces era considerado un ingrediente más de la industria del espectáculo, y los aspectos puramente comerciales no eran prioritarios en su trabajo. Mientras los departamentos de imagen de los grandes sellos se hacían más y más cautos, los diseñadores que trabajaron para esas nuevas marcas pudieron expresarse casi siempre con total libertad. Los mejores, como Burt Goldblatt, David Stone Martin, Paul Bacon, Marvin Israel o Reid Miles, crearon un grafismo original y atractivo (ya fuera por medio de la fotografía, el rotulado, el dibujo o la propia distribución del espacio), muy influido por los movimientos artísticos de vanguardia y atento a las evoluciones del diseño gráfico más avanzado. Durante bastantes años las portadas de jazz fueron más interesantes que las de otros géneros musicales, dirigidos a un público menos exigente o de gustos más tradicionales. Entre mediados de los cuarenta y finales de los cincuenta, el jazz fue la música popular adulta por excelencia. Pero a partir de esa fecha fue cediendo su protagonismo a otros géneros. A finales de los sesenta cayó en una crisis estilística que acarreó cambios drásticos: los pequeños sellos desaparecieron o fueron absorbidos por los más poderosos, y las cubiertas discográficas asimilaron la tendencia psicodélica que hacía furor en la música pop, perdiendo su carácter propio. Por eso la exposición arranca con los diseños pioneros de Steinweiss y Flora, en los años cuarenta, y se cierra en 1968 con un diseño de John Berg, artista que hizo carrera principalmente como creador de portadas de música pop.

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