Exposición

Bosco Sodi. Croacia

fecha de inauguración

16 Mayo 2013

fecha de clausura

14 Julio 2013

Exposición

  • Planta -1
  • Planta B
  • Planta 1
  • Planta 2
  • Planta 3

Al inicio del siglo XXI  nos encontramos con el principio decimonónico que pautaba la percepción del objeto artístico como una relación entre iguales que colaboran en la creación de algo –la obra de arte- que sólo existe en el acto de su percepción. La obra de Bosco Sodi se recrea en este acto de percepción al tiempo que invita al espectador a adentrarse en ella para vivirla y descubrir sus cualidades físicas y, sobre todo, exaltar la experiencia estética que resulta de la observación contemplativa. Como las nubes en el cielo, cada espectador tiene una relación personal con ella; se trata de una pintura que se desplaza cómodamente y con fuerza, entre lo gestual y físico de su factura y la armonía monocroma de la abstracción, despertando la duda de si se asocia con la abstracción pura o con la de la naturaleza, o si, por el contrario, se trata de una obra expresionista vinculada poderosamente a su fuerte carácter emotivo, detonador de las fantasías individuales. La poderosa impresión de su materialidad tectónica es directamente proporcional a su naturaleza, tanto en peso como en volumen, y reverbera en ella el eco del paisaje e ideología que defina la milenaria cultura de México. Si bien el artista hace referencia constante y orgullosa de su origen, este regionalismo lo ha abandonado incorporando materiales de los más diversos orígenes geográficos, ya sean las maderas o los pigmentos, pautando radicalmente el resultado físico de las obras y privándolas de una referencia específica. En su trabajo Bosco Sodi no usa pinceles, construye sus obras directamente sobre el bastidor en el suelo, circulándolo, observándolo, escuchando en un acto casi chamánico –según él mismo revela- de relación con los materiales y el espacio. Es un proceso intenso donde mezcla fibras naturales, serrín y fragmentos de maderas cuyas características específicas de color, resistencia, porosidad, provocan diversos matices y densidades. A veces las capas son uniformes y armónicas como las olas en el mar. Otras veces conforman un relieve contrapunteado por cimas y valles que, en el momento del secado en un proceso de deshidratación natural, reaccionan como la misma tierra en el cauce de un río seco, procediendo a craquelarse de manera aleatoria, alterando la composición original al igual que el color inicial. El accidente controlado crea una dimensión única en su trabajo. De él surgen áreas de brillos esmaltados o con cualidades de sensación sintética que se oponen fuertemente con el sentido natural del todo creando una provocadora tensión interna que contrasta con la porosidad dejada en la superficie con la pérdida del agua. El artista, sin pretensiones teóricas, por su parte, libera el color de funciones denotativas para expresarse contundentemente en el ámbito de lo óptico, dejando que la luz incidente en sus superficies cree un efecto en dos direcciones: una, la que incita al ojo a buscar matices y efectos no visibles a simple vista y despierta sensaciones asociables con emociones –paz, alegría, ira-, en tanto que otra sugiere que la fuente de luz se encuentra en la  obra misma, dotándola de una exigencia autónoma de donde emana una energía magnética y seductora. Bosco Sodi procura la monocromía como medio de expresión y diálogo emocional con el espectador y así se separa diametralmente de la producción de inicios del siglo XX que procuraba la abstracción pura o la síntesis cromática, como en el caso de Malevich, o el radicalismo materialista de Rodchenko. Su pintura es cercana al expresionismo abstracto tanto por su fuerza expresiva como por su ausencia de intenciones narrativas o de certezas técnicas y compositivas. Sus pintura, dibujos y grabados demuestran la renuncia a la búsqueda de la seguridad que brinda la perfección académica y reflejan la ambición personal de trascender estableciendo una comunicación con el espectador. Sin duda alguna, la obra de Bosco Sodi es una aventura hacia lo desconocido, que en tan sólo unos cuantos años ha ido de la transparencia acuosa a la densidad telúrica, arriesgando en cada ocasión dejar de lado lo que la crítica del momento y el coleccionismo espera procurando nuevas formas de expresión, no alienándose a los esperado sino reclamando su unicidad.

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