Trozos, Tramas, Trazos. El Collage en la Colección del IVAM.

02481
10 May - 04 Nov 2012

Se cumplen cien años de la invención del collage, de su difusión en el espacio artístico internacional en calidad de una hábil y sorprendente estrategia figurativa enfrentada abiertamente con la tradición ilusionista: el cánon constructivo de la representación visual europea. Parece, pues, llegado el momento oportuno para la presentación, a manera de inventario, de la espléndida colección que posee el Institut Valencià d’Art Modern. El collage fue una idea, acaso una boutade en sus tempranas tentativas, fraguada entre el azar y la ironía por Picasso en 1912, quien encontró la complicidad inmediata de Braque. Despertó enseguida el entusiasmo de Juan Gris, también un adelantado de la pintura cubista. Con el tiempo, el collage ha logrado convertirse en el confín del territorio comanche de lo artísticamente incorrecto, en el cercado decisivo para cualquier inventiva formal, renovadora y audaz. Del expresionismo al surrealismo, la avanzadilla militante del fotomontaje y la hiriente publicística bélica. Los proyectos provocadores del dadá y las intermitencias del jazz, ya en el momento de los ballets rusos y las ásperas disonancias del cabaret, que quedarían mal ensambladas y peor asimiladas sin la desconcertante combinatoria del collage, que vendrá a ser el recio banco de pruebas en el que el artista demuestra las posibilidades de intercambio formal, la eficacia en suma, de sus iniciativas más atrevidas, para hacer expresivo el material plástico. Pero centradas siempre en el ensamblaje híbrido, en la objetualización formal o sencillamente en la vieja ceremonia artística del desconcierto, arrogante desestabilizador en el despertar estético contemporáneo. Las intervenciones plásticas en espacios cerrados o en superficies artísticas diáfanas, el performance participativo, dramatizador de rituales narrativos o escenografías en clave, e incluso las recientes tecnologías punteras recuperan el collage como el sistema de resultados garantizados cuando se pretende estimular una experiencia estética viva.

El collage es el arte de la sobreposición, de la unidad significativa forzada entre elementos sensibles poco ortodoxos y en ocasiones antagónicos, el arte “de la discontinuidad, el montaje y el fragmento, lo cortado y lo pegado”. Conviene no olvidar, y es un imperativo de sobrevivencia para cualquier espacio artístico público, que la sensibilidad actual se afirma por vías diversas a menudo contrapuestas. Que, vaya por donde, recuperan el collage, en calidad de arte y actitud artística, como el arriesgado horizonte de la imaginación que diríamos soluble -hoy se prefiere líquida-, dispuesta a la acción en cualquier esfera ideal de significación sensible. Lo que vendría a poner en cuestión una vez más aquella incisiva observación de Ortega y Gasset allá por 1925, cautela en época de resaca vanguardista: “El arte del pasado no es arte, fue arte”.

Los artistas y las obras seleccionadas en esta ocasión dan cuenta de la densidad del riesgo asumido por el IVAM en el momento iniciático de la colección. Los artistas son decisivos: Schwitters, Moholy-Nagy, László Peri, Hamilton, Rauschenberg, Oldenburg... por citar sólo aquellos de incuestionable dimensión internacional. Además, y como guía metodológica que facilite la visita, las obras se alinean en apartados de mero alcance descriptivo, apuntan un itinerario posible y nos ayudan en la apreciación de las obras y objetos artísticos, siempre singulares y autónomos, y su aportación formal al deslumbrante acertijo figurativo capaz de sorprender todavía al visitante más exigente:

I.   Materia. Forma

II.  Imagen. Figura

III. Signo y Gesto

IV. Memoria, Tradición y Experimentación

V.  Relato y Acción