Pang Xunqin Figuras decorativas chinas

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28 Feb - 17 Abr 2011

El artista Pang Xunqin (1906-1985) es un ejemplo pionero en saber enfrentarse a la modernidad desde puntos de vista y formas de vivir alejadas de la suya sin desmarcarse de sus sólidas raíces orientales. Xunqin, como podemos advertir en esta amplia exposición que organiza el IVAM en colaboración con el Changshu Art Museum, es un creador que se anticipó a su tiempo y ha sido un claro referente para las nuevas generaciones que han ido apareciendo con fuerza en los centros neurálgicos artísticos de China a partir de la década de los ochenta.

Así bien, mediante un particular recorrido por la estética y el pensamiento de Xunqin apreciamos la riqueza de las ochenta y cuatro piezas que componen este abanico artístico que llega a Valencia, todas ellas realizadas en el año 1939, ya que representan un laboratorio para el estudio y el análisis de las tendencias globalizadas que iban surgiendo en China hace más de setenta años.

A este respecto me parece de interés apuntar que la aparición de una modernidad sistemática, hablando en términos tanto económicos, ideológicos como culturales, no llegó a China hasta finales de la década de los ochenta del siglo XX. Sin embargo, el debate de la confrontación entre las diferencias culturales entre Oriente y Occidente tuvo su origen en el siglo XVII, cuando los pintores chinos empezaron a contemplar las ideas occidentales sobre la representación pictórica. La expansión del imperialismo político y económico de las potencias occidentales durante finales del siglo XIX, propició la aparición de una pequeña revolución cultural en China, donde una élite de intelectuales se apropió de una serie de modelos de la cultura occidental y los utilizó para reavivar sus tradiciones. Este proyecto fue evolucionando durante casi toda la primera mitad del siglo XX, de manera que podemos situar a Pang Xunqin en esta época proclive a una interrelación cultural y artística.

Veinticinco años después de la muerte de Xunqin, mediante esta exposición, ponemos de relieve algunas de las claves del éxito de un artista que ya en los años 20 estudió Bellas Artes en París. Esta estrecha relación que mantuvo con la capital francesa le propició un marcado interés por el movimiento Art Nouveau que abordó de manera persistente en toda su trayectoria profesional. Podemos decir que uno de los máximos logros de este artista y decorador fue el de renovar la tradicional decoración china al asignarle a ésta unos elementos narrativos que la contextualizaban con la modernidad. 

En este casi centenar de obras decorativas en papel y de pequeño formato vemos como Xunqin se apropia de una estética que ha descubierto en Occidente para ponerla en juego con los patrones, imágenes y documentos que recupera de la vetusta cultura de sus antepasados. De este modo, se puede visualizar una imaginería que se carga de dragones, caballos, aves y otros animales surgidos de las legendarias historias orientales para cobrar una viveza espectacular al refrescarse con una estética occidental que nos recuerda en ocasiones a diseñadores Pop como Keith Haring (recordemos que tanto Xunqin como Haring utilizan sus diseños para ponerlos al servicio de la industria del ocio, textil, hogar…).

En este sentido, tal como podemos apreciar en esta muestra, a pesar de ser obras realizadas en 1939 tienen una vigencia y una actualidad muy destacadas. Y es que, podríamos decir, que el resultado de estas piezas ha sido una continua experimentación dentro de tendencias artísticas de diferente índole entre las que podemos encontrar no solo las herederas de los estilos más tradicionales y figurativos sino las más abstractas, conceptuales y modernas.
 
Indudablemente, para conseguir estos dibujos, el artista chino no solo hizo uso de una imaginación, de un carácter renovador, y, sobre todo,  de una inteligencia que le permitía combinar, de forma adecuada, todos sus recursos artísticos, sino que a buen seguro conoció algunos de los escritos que nacieron de artistas como Paul Klee o Wassily Kandinsky (publicados por la Bauhaus) y que sirvieron de introducción a la gramática de la escritura visual.

Por ello, en este mismo orden de ideas, las obras de Xunqin,  pueden referirse tanto a la escritura como al dibujo, de manera que su trazado se percibe, como se refleja en esta muestra, como una Gestalt: una forma o imagen simple que persigue estimular al espectador con una visión cultural integradora y precursora.